Región Metropolitana. En el actual contexto sanitario surgen múltiples desafíos a la hora de mantener el contacto con la población infantoadolescente que participa en los programas de Fundación Tierra de Esperanza , así como también en el desarrollo de estrategias que permitan la coherencia en la intervención y en las respuestas a las necesidades de salud mental.

Dadas las condiciones actuales, el programa Ágora La Reina que trabaja en la línea de tratamiento terapéutico para la rehabilitación en el consumo de drogas,  desarrolló el fotolenguaje como una propuesta metodológica de intervención.

Catalina Verdugo, psicóloga del programa Ágora la Reina e impulsora de esta propuesta, explicó que son distintas las metodologías facilitadoras. “La metodología del Fotolenguaje se originó en Francia en los años 60′ por un grupo de psicólogos que trabajaba con pacientes con trastornos graves, problemas de conducta y hospitalizados. Entonces la técnica nace desde el uso terapéutico/clínico con casos de adolescentes de alta complejidad, con problemas para simbolizar y expresarse. Ellos tomaron la utilidad de la foto como soporte para la palabra en el trabajo grupal. Allí pudieron observar cómo lo que no logra ser expresado, tramitado, elaborado psíquicamente, sino que se actúa, puede tomar un paso más amable y no invasivo hacia lo simbólico, a través del recurso de la fotografía”, señaló.

Con esas ideas como base, Catalina Verdugo decidió realizar una adaptación de la técnica del fotolenguaje, buscando aprovechar este recurso como respuesta terapéutica en beneficio de una joven del programa que se encontraba en una delicada situación a nivel emocional y psíquico, resultando dar muy buenos resultados.

Acerca de la Técnica.

Las experiencias que resultan positivas deben ser compartidas. Por medio de esta técnica se buscó rescatar la identificación de tres potenciales funciones de las fotografías: como espacio transicional entre la ausencia y la presencia del programa (especialmente útil en fin de semanas largos por feriados y en este momento de trabajo remoto en que nuestra presencia puede percibirse frágil); como mediación de la experiencia psíquica (que facilite la comunicación a través de la imagen) y como medio de identificación que refuerce recursos personales (en la línea de la prevención de riesgo de suicidio). 

En el caso del trabajo de intervención madre e hija que se incorporó después, la consigna fue similar, en el sentido que cada una revisara el material y seleccionara un par de fotos que le identifiquen, para luego poder compartir su selección y poner a disposición del trabajo, la mirada de la una con la otra. La idea que se añade aquí, es aportar a la construcción de un espacio de encuentro madre hija, haciendo reflejo y mediando las diferencias entre ambas.

La psicóloga del programa señaló que las imágenes se instalaron como un objeto material concreto y compartido , que podía ver tanto la usuaria como el equipo, independiente de la distancia. En este sentido, el material fotográfico se puede conceptualizar como «espacio transicional» para modular la “presencia-ausencia”

Además, agregó que “se observó un efecto facilitador de la palabra, en tanto la joven logró expresar su mundo interno a través de lo que proyectó en la fotografía. Gracias a la intervención multidisciplinar, junto a la incorporación de esta técnica se vieron avances importantes: se redujo el riesgo del caso estabilizándose el cuadro anímico (en la línea de la prevención de riesgo de suicidio) y mejoró la comunicación con la madre. En definitiva, esta técnica ha facilitado el trabajo de psicoterapia a distancia, perfilándose como un elemento potento a la hora del trabajo interventivo”, manifestó Catalina Verdugo.