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Anna Segura Montagut, doctora en Psicología, docente en la Universidad de Vic-Universitat Central de Catalunya, llegó a Antofagasta invitada a participar de un taller organizado por la Fundación «Tierra de Esperanza», el que estuvo dirigido a profesionales que trabajan con menores que son asistidos en programas de reparación de maltrato, víctimas de abusos sexuales, adolescentes que están privados de libertad o en tratamiento de drogas.

La profesional trabaja en investigación de victimización en la infancia y adolescencia para determinar qué sucede con las chicas y chicos en relación a experiencias de violencia, qué consecuencias tiene eso en sus vidas, en su salud mental y qué puede hacerse para empoderarlos y que tengan una respuesta resiliente y una adaptativa a largo término.

Su labor apunta a visibilizar lo que pasa a muchos menores que no solo sufren un tipo de violencia lo largo de sus vidas, sino que van acumulando diferentes experiencias de victimización.

¿Quiénes la ejercen y en qué dimensiones ocurre?

-Esto puede ser a manos de cuidadores, en las calles o en los colegios y esto afecta la salud mental, en cuanto a experimentar violencia en forma sistemática.

La violencia está presente en todas las culturas y sociedades, y en todos los estratos socioeconómicos. No suceden más en un sitio que otro sino que se encuentra en todas partes. Nos centramos en la violencia que ejerce una persona en contra de otra, porque es aquella que genera más daño. Por ejemplo, esta persona que me tiene que cuidar, me golpea, me daña.

Me refiero a la violencia tanto en la físico como emocional, pero también a la negligencia, es decir, no interactuar, no estimular a nivel emocional a los menores. También está el hecho de dejar de atender las necesidades físicas básicas, como la alimentación, llevar al chico o chica al médico o al colegio.

¿Las consecuencias de hechos de violencia tienen patrones comunes?

-Experimentar algún tipo de victimización no es muy diferente de un país a otro, sino que es un fenómeno global.

En cuanto a la culminación de diferentes experiencias de violencia, podríamos pensar que tiene consecuencias únicas, y eso nos permitiría tener un patrón que podríamos ir detectando, pero no es así.

Los chicos pueden mostrar síntomas de depresión, ansiedad, pero a la vez pueden mostrar otra sintomatología más conductual, hostilidad, ira, rabia. En este sentido lo que vemos y observamos es una variedad de consecuencias en los adolescentes.

¿Un menor que ha sido víctima de violencia, puede repetir esas mismas acciones en su adultez?

-Vemos una conexión con las consecuencias en la edad adulta, incluso con enfermedades médicas, como las afecciones coronarias, u otras. Incluso vemos cómo el haber acumulado muchas experiencias de victimización están presentes en historias de vida de adolescentes que permanecen en el sistema de protección pero también en el sistema de justicia juvenil, y que más tarde se asocia en que también pueden ser arrestado.

Muchas veces si exploramos a ese chico o chica que están en la justicia juvenil podemos encontrar una mochila llena de experiencias, de victimización.

Redes

¿A quién puede recurrir un menor que está siendo afectado por violencia, si incluso es agredido en su entorno más cercano?

-Para esto es importante que los menores y adolescentes conozcan sus derechos, de lo que está bien y no. Es importante que mostremos como padre o madre, hermanos, como profesores, médicos o psicólogos, una disposición a escuchar de forma incondicional. Cuando el niño se siente juzgado, que no va a ser bien recibido, probablemente se crea una barrera mayor que le impide reportar aquello que cree que no está bien.

¿A nivel mundial, cómo están las cifras de violencia?

-Cuando preguntamos acerca de diferentes experiencias de victimización vemos que tres cuarto de los adolescentes en el mundo nos dicen que han sufrido algún tipo de violencia.

Vemos que 1 de cada 5 chicos y chicas a lo largo de su infancia va a sufrir alguna experiencia relacionada con la victimización sexual, y por otro lado tenemos un grupo que es de mayor riesgo que han sufrido mayor cantidad de experiencias de victimización.

Por ejemplo, un estudio realizado en Chile el 2015 decía que en una muestra de adolescentes, el 30% de ellos había sufrido siete victimizaciones diferentes a lo largo de su vida, entonces son siete experiencias violentas.

Una de las características de la violencia es que se conecta, es decir, si sufro maltrato emocional en mi casa, quizás tenga más riesgo de sufrir bullying en la escuela. Si sufro esto hay más riesgo de que esa conducta agresiva pase a las redes sociales y por lo tanto, estar expuesto al ciberbullying.

¿Cuáles son los síntomas que presenta una víctima?

-Los síntomas son inespecíficos. No podemos tener un patrón que nos diga que un chico está sufriendo violencia, ya que hay algunos que sufren más sintomatología ansiosa, depresiva pero otros desarrollan más sintomatología relacionada con la conducta.

¿Qué medidas habría que tomar para reparar a las víctimas?

-Hay que realizar una evaluación de factores de riesgo y protección y después valorar si el niño necesita una acción terapéutica.

Vemos que no todas las personas que han sufrido experiencias de victimización van a sufrir desajustes psicológicos, algunos de ellos se recuperan, algunos lo hacen sin soporte psicológico. En ese sentido son los profesionales quienes tienen que valorar en el momento adecuado cómo abrir esa «caja de pandora».

Existen numerosas instituciones y proyectos que trabajan en la reparación, pero hay poca evidencia empírica, necesitamos poder ver si lo que hacemos funciona y de lo que funciona, qué funciona más. La idea es intervenir desde una comprensión global de sus experiencias de vida. Necesitamos analizar qué estamos haciendo y si lo estamos haciendo bien en beneficio de ese menor.

«Los chicos pueden mostrar síntomas de depresión, ansiedad, pero a la vez pueden mostrar otra sintomatología más conductual, hostilidad, ira, rabia. En este sentido lo que vemos y observamos es una variedad de consecuencias en los adolescentes».»

CAMBIO DE ENFOQUE

Desde la Fundación «Tierra de Esperanza» sostienen que cuando se explora la vida de alguien privado de libertad, se sabe que ha sido víctima de violencia. Por eso antes de imputar tan rápidamente a un menor de 16 o 17 años hay que preguntarse qué se hizo hace seis o siete años, cuando era un niño. Antes había una mirada focal, se decía ‘es un niño maltratado’, pero saben que ese mismo niño fue maltratado en su casa, sufrió bullying en el colegio, lo asaltaron en la calle o abusado sexualmente. Entonces se juntan elementos que hacen muy compleja la recuperación. Lo más grave es que el espacio donde el menor espera ser cuidado es el que lo maltrata. La mayoría de las víctimas son atacadas en su entorno.

 

 

Fuente: Diario Mercurio Antofagasta
Link: http://www.mercurioantofagasta.cl/impresa/2019/01/02/full/cuerpo-principal/5/texto/