«No son 30 pesos, son 30 años» es una consigna que ha sustentado al movimiento ciudadano que se ha manifestado en todo Chile, explicando el ímpetu de un estallido social que comenzó con el alza de 30 pesos en el pasaje del Metro de Santiago y llevó a que la población dejara de callar las problemáticas que llevan largo tiempo afectando.

Lo que ha pasado en lo colectivo, «pasa a nivel individual», afirma Lorena Trujillo, psicóloga y coordinadora técnica de la Fundación Tierra de Esperanza, definiendo a la crisis social y al proceso previo como una expresión de la idiosincrasia nacional, pues advierte que «en Chile somos tendientes a internalizar. A los adultos nos cuesta hablar de la tristeza o problemas, porque tiene una alta condición de estigma, y si nos preguntan cómo estamos solemos responder que bien, aunque no sea así», en el caso de los niños, comenta que «los papás y en el colegio tendemos a validar mucho que sean ‘bien portados’, creemos que mientras menos ruido meten, si menos se mueven o manifiesten sus quejas o lo que les ocurre más funcionales y sanos nos parecen. Pero eso no es así».

En efecto, sostiene que esto puede explicar que la alta incidencia de patologías de salud mental que hay en todos los grupos etarios en Chile, ya que afirma que «cuando las cosas se reprimen, y se acumulan en el organismo y en algún momento los mecanismos de regulación emocional que tenemos dejan de funcionar e irrumpen las conductas externalizantes».

Y como la condición de salud mental ya es precaria en el país, por la crisis social actual cree que «se podría agudizar la problemática en el corto, mediano y largo plazo», y afirma que especial vulnerabilidad hay en la infancia, ya que una gran proporción estaba afectada en este ámbito y porque tienen menos recursos emocionales y cognitivos para comprender y enfrentar las situaciones estresantes y conflictos que los adultos, muchos de los cuales también se han visto afectados.

ENTREGAR INFORMACIÓN

Proteger a los niños y niñas es una acción que considera urgente y para lograrlo Trujillo enfatiza que es fundamental no reproducir el actuar internalizante que caracteriza a los chilenos, por lo que omitir el acontecer o decir a los niños y niñas que nada pasa no es la forma.

Al contrario, la psicóloga sostiene que los infantes saben que algo ocurre: han visto interrupida su rutina escolar, han sido testigo de violencia o visto contenidos en redes sociales y noticias. Esto puede generarles preocupación o temor, y múltiples dudas. Situación a la que los padres y cuidadores deben estar atentos, brindando espacios para que los menores se expresen y para responder sus preguntas con información clara, real y oportuna, con un lenguaje y detalles acordes a la etapa vital. «Si no les entregamos información, los niños van a rellenar la situación con la información que manejen y con sus fantasías (dependiendo su edad) y eso les puede hacer mucho daño», asevera.

PARTICIPACIÓN CIUDADANA

Escuchar e informar a los niños los protege también porque los hacer parte de lo que ocurre y, así se fomenta su participación ciudadana; algo en lo que se estaría al debe, opina Trujillo. «Somos una sociedad adulto-céntrica, nuestra organización, decisiones, reglas y formas de funcionar están pensadas en el mundo de los adultos, y eso dista mucho para que los niños tengan espacio», plantea.

Menciona como ejemplo «la ley de sala cuna universal, medida laboral que se ajusta a que madres y padres que trabajan tengan dónde dejar a sus hijos, pero no es para la infancia: los niños no necesitan tener 3 meses y estar en una sala cuna; necesitan estar con sus papás». Agrega que «en crianza, la mayoría de las teorías están pensados desde padres con poco tiempo y paciencia, cansados y con múltiples roles. Desde los adultos surgen las orientaciones y eso no significa que con éstas estemos satisfaciendo las necesidades de autonomía progresiva y de participación de los niños».

Es desde allí que la especialista aclara que la participación ciudadana de los niños no parte ni termina con llevarlos a una marcha y levanten una pancarta, «comienza escuchando a diario a nuestros hijos, dejando que nos expresen sus opiniones y desacuerdos, preguntándoles qué necesitan o quieren hacer, sin imponer todo».

Destaca que esto se genera en el día a día y desde los primeros años de vida en la familia, y se debe dar en la escuela, pues afirma que «las personas nos construimos a partir de otros en la interacción cotidiana y si no haces las cosas todos los días no va a tener mucha incidencia. Por eso, más que una acción específica, la participación tiene que ver con respetar que el otro es un mundo y que mi autoridad como padre (o profesor) no se debilita porque mi hijo manifieste una demanda».

Así, para Lorena Trujillo fomentar la participación ciudadana de los niños apunta a un cambio de paradigma que podría ser parte de la transformación social en curso y tiene certeza que ser´´ia de beneficio, pues permitiría poner el acento en lo que realmente necesita la infancia. «Sería tan incidente el cambio que habría en la medida que tuviéramos un foco puesto en las necesidades de la infancia, que estoy segura que habrían muchos menos de problemas de salud mental que los que tenemos, porque tendríamos niños con sus necesidades emocionales satisfechas de mejor manera y más protegidos», finaliza.